La salud de la Tierra

Por Wilma Rossi,
Enfermera e integrante de la cooperativa Graneco
Como trabajadora de la salud siempre trabajé con la idea de que si nos alimentamos bien alejamos la amenaza de la enfermedad. El hambre o el ser Malcomido es lo que más mata. Por lo tanto, pondría sobre la mesa la necesidad de reflexionar en las poblaciones sobre la importancia de una correcta alimentación, la preservación de nuestros recursos naturales y nuestros productores de alimentos de base en producción familiar.
Siempre se dijo, y esta es una gran verdad, la salud no es solo es la ausencia de enfermedad, es el bienestar físico, psíquico y social de un individuo. Antes de que apareciera el COVID 19 la sociedad ya estaba enferma. Enferma por la agresión a la naturaleza, enferma por el individualismo y el consumismo.
Este andamiaje global y perverso, que amenaza a todos los pueblos del mundo sin excepción, tendrá consecuencias más duras sobre los más desprotegidos. Lo peor está por venir.
Lograr hacer de este planeta un mundo sano para los individuos y todos los seres que lo habitan, defender los alimentos reales y su producción local, frenar la agresión a la tierra con agroquímicos y agrotóxicos y detener la contaminar del aire, el agua y la tierra, siguen siendo más que nunca las banderas de luchas que tenemos que levantar. Pero no solamente levantarlas y hacerlas flamear, tratar de explicar el contenido que tienen cada una de esas consignas. Esta es la mejor manera de dar salud, porque la vamos a precisar después de que pase todo esto.
Los que siempre peleamos por estas causas no estamos develando algo nuevo, lo que pasa es que ahora entendemos la necesidad de relacionarlas con el origen de todos estos problemas que estamos viviendo.
Yo estoy totalmente de acuerdo que hay que respetar las normas recomendadas, sin caer en la paranoia que paraliza. Es urgente utilizar las redes que hoy en día están a nuestro alcance para explicar por qué es importante pensar en la prevención, que siempre fue valiosa, pero ahora en más como una razón de sobrevivencia.
Es necesario empezar a reforzar los valores de la solidaridad, los valores colectivos que nos permite poner en común los conocimientos, las experiencias, las fuerzas y sobre todo saber que de ésto salimos mancomunados. Entendiendo el valor que tiene la tierra y lo que la tierra nos da, aprender a conocerlo y a usarlo.
Es hora en esta crisis de tejer redes que den respuestas a las necesidades de la población en cuanto a la comida y también a las necesidades de trabajo de quienes la producen y elaboran. Es hora de defender los derechos logrados en relación al etiquetado y no perderlo. Es hora de no quedarse en una cuarentena pasiva y desorganizada donde el miedo paraliza, sino de trabajar aportando conocimientos que sanan. Preparando nuestras parcelas o nuestras macetas, si no hay otra, aprovechando el tiempo con los niños en casa para trasmitir estos valores de la tierra, la semilla, el trabajo digno, lo comunitario y la solidaridad. Pilares necesarios para edificar sobre ruinas, lo nuevo y sólido de una sociedad más justa e igualitaria y soberana donde seremos actores del cambio.
Yo también me sano contribuyendo, con la experiencia que tengo, al tratar de que otros en vez de sentir miedo se animen a actuar y a defender lo que hemos logrado y lo que todavía tenemos para lograr.
Con un gran abrazo transformaremos el aislamiento en fortaleza. De esto no se sale individualmente, los cambios son colectivos o no lo son.